Sí, las deudas no siempre son para toda la vida. El autónomo tiene que saber, que debidamente asesorado, sus deudas pueden cancelarse y realmente se puede empezar de nuevo. La denominada popularmente como Ley  de “segunda oportunidad” está en vigor desde 2013 para personas físicas empresarias e incluso, desde 2015 también para cualquier persona física no empresaria.

Lamentablemente con la excepcional crisis sanitaria provocada por el virus COVID19,  son muchos los autónomos que, desafortunadamente, tendrán que hacer frente después a una verdadera  crisis económica, prácticamente inevitable.

Realmente el verdadero problema para las pequeñas y medianas empresas comenzará una vez solventada la crisis sanitaria en los meses venideros, donde los autónomos se verán abocados a un escenario económico mas que complicado. Desde un punto de vista bastante “realista” los primeros estudios y estimaciones económicas indican que el PIB podría caer entre un 4,5% y un 7,9%, su mayor descenso desde la posguerra, y donde la principal amenaza será la propia incertidumbre.

Aunque por parte del Gobierno se han lanzado una medidas legales y económicas para superar este bache, la cruda realidad dictará que, con mucha probabilidad, muchos de los autónomos se verán abocados a una situación económica difícil, especialmente en sectores del sector servicios, como las restauración, ocio, turismo y/o todas las relacionadas con la construcción.      

No hay que perder de vista que nuestros autónomos son la forma predominante en la constitución de una pequeña y mediana empresa. El 51,82% de los empresarios son autónomos y por tanto, personas físicas. La crisis económica que se avecina condena puede condenar a aquellos autónomos, que no estén de debidamente  asesorados,  a un escenario económico sin precedentes, que no supondrá únicamente el mero “cierre” de la actividad actual, sino el endeudamiento de por vida e incluso, una verdadera  exclusión social, por la aplicación indiscriminada del principio de responsabilidad patrimonial universal.

Con el debido asesoramiento legal, la Ley de Segunda Oportunidad puede permitir a nuestros autónomos endeudados para cancelar todas sus deudas, reducirlas sustancialmente, y en definitiva, volver a empezar de cero.

Para evitar que un autónomo se vea abocado no solo a un cierre “sin salvación”, sino también a la imposibilidad material de acometer proyectos futuros por el endeudamiento perpetuo, es muy importante que el autónomo y sus asesores analicen y detecten, lo antes posible, esta complicada situación, la afronten con anticipación y alta dosis de realismo, y lleven a cabo con urgencia (y sin demora) las posibilidades legales que el Derecho les ofrece, tanto para, en ultimo termino preservar tanto su patrimonio  personal, como la posibilidad de acometer futuros proyectos empresariales. 

Con el régimen legal de la Ley de  Segunda Oportunidad  y exoneración del pasivo insatisfecho se permite la extinción de las deudas pendientes tras la liquidación del patrimonio del deudor, y al mismo tiempo, se estimula el acuerdo incluso fuera del proceso concursal.

Se trata de lograr la rápida rehabilitación del deudor para que inicie una actividad económica productiva, y que definitivamente pueda dejar atrás un negocio pasado y centrarse en el éxito de proyectos futuros, pero sin el “lastre” de las deudas anteriores.

La Ley de Segunda Oportunidad puede brindar a un autónomo tres grandes posibilidades:

  1. a.Realización de un Plan de Pagos que se ajuste a sus circunstancias personales y actividad, mediante un acuerdo con el 60% de los acreedores.
  1. a.Exoneración de pagos de todas las deudas.
  1. a.Cancelación de una porción significativa de las deudas.

El autónomo tiene que conocer que los plazos legales que determina la posibilidad de acogerse a esta posibilidad son extremadamente cortos, por lo que, prácticamente, no hay tiempo que perder, y en su mano realmente está.

El resultado y viabilidad del proceso depende en gran medida del análisis individualizado que se hace de tu patrimonio y solvencia, y de la anticipación a la hora de actuar, que resulta fundamental.

No estás solo. Lucharemos juntos.

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